
Así yace pues este cadáver, desnudo y con frío, bajo la noche autumnal, sobre sábanas de tacto agrio y ante una luz histérica, irreal, somnolienta, parpadeante de bombilla, sin nada que decir; tal vez es sólo que tanto tiempo aletargado le ha dejado confundido y con los pensamientos enmarañados, entrelazados, anudados, y con los músculos debilitados, fibrosos y polvorientos de eones sin movimiento, añorando salir de los barrotes y percibir la calidez del cuarto menguante, o del tacto de la vida, tal vez es que recuerda que mejor es ser que no ser nada, al menos justo ahí y en ese instante, tal vez despierte antes de lo que crea, tal vez el deseo sea más intenso que aquellas cuarenta lunas de incertidumbre e ingravidez, tal vez más aun que las grietas que bifurcan el cerebro y la piel, tal vez... tal vez ese reloj oxidado oculto entre huesos y polvo vuelva pronto a hacer ruido, vuelva pronto a funcionar. Tal vez pronto vuelva a respirar...
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