viernes, marzo 02, 2007

De cicatrices y arena


Después de doscientos días
desaparecen los restos
del sentimiento existente
para las flores marchitas
a las llamas encendidas
a aquellos tibios susurros
que creaban pasión y sal
y a los sueños inquientantes.
Sólo restan los sonidos
los vistazos hacia atrás
y mirar las cicatrices
en las manos y en el pecho
percibir ahora la ausencia
sentir los brazos vacíos
como antes a la conciencia
en el instante de aquella
lluvia postrera de otoño
bajo el frío de ese silencio
ante el rasgar de aquel viento
que nos abre unos instantes
y nos mantiene sujetos
a punto de prepararnos
a la entrada del dolor...