
Es que veo la luz del sol
triste, pálida y gris,
los ruidos aturdidores,
rostros ocultos y fríos.
Hombres solos caminando
detrás de una catedral,
Voluntades extraviadas,
Y gritos ya ahora ahogados.
Rosas tibias que nos queman,
y humo blanco indiferente.
¿Por qué habría de haber sentido
en los pasos que esos pies
han dado miles de veces?
Hombres, llantos en camiones,
y rostros tras los cristales
con las miradas perdidas,
besos nocturnos ya solos,
mariposas que ahora mueren,
y de nuevo sensasiones
brillantes quizás ahora,
se apagarán al instante.
Ocho horas o después...
Comencemos otra vez...
Aullidos cual viejos lobos,
dolor cuando sale el sol...

