
Duele sí, la luz del sol
duelen tal los rayos áureos
en aquellas cicatrices
de hace ya unas doce lunas,
percibir la sensación
el sentir los mismos rayos
bajo la misma distancia,
el ahogar, el mar silencio
duelen los rayos argentos
de la luna, tal creciente
como hace ya, una vuelta
una vuelta del tiovivo
que gira en torno a la llama
rasgaban así en el pecho
en las manos, en el pelo
las suaves gotas de lluvia
de aquel distante verano
de tibios besos amargos
y puestas de sol lluviosas
y de las manos ausentes
que al final quedan vacías.
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